Diálogos matriarcales
jueves, enero 12, 2006

Estaba tranquilísimo. Para nada nerviocillo. Pero aún así bajé a la cocina a prepararme una taza de café. Mi abuela estaba sentada, tomando uno. Me observaba como queriendo decirme algo, aunque eso es cosa de todos los días, la comunicación entre nosotros siempre ha sido nula.

De pronto, se atrevió a abrir la boca.

Abuela: Hijito, ¿y qué es de ese chico que venía siempre?
Yo: ¿Qué chico?
Abuela: El "buenito" pues.
Yo: Ah...

Recordé que mi abuela adoraba a Billy.

Abuela: Hace tiempo que no viene, ¿no?
Yo: Sí.
Abuela: ¿Por qué será?
Yo: No sé. Terminó con su novia, creo, y está deprimido.
Abuela: Pobrecito. Es bueno ese chico, muy bueno, siempre te lo dije.
Yo: Sí, abuela, lo sé.
Abuela: Siempre te dije que deberías tener más amigos como él, tan educaditos, tan...
Yo: ¿Ya córtala, abuela, quieres? Ese chico no regresará más, así que por favor no sigas hablando de él.

Me dirigí escaleras arriba y me sentí mal porque a pesar de todo, ella no tenía la culpa de nada. La única culpa es la mía. Todo yo. Me sentí fatal. Me acordé de todo. Pero DE TODO. Hasta mi abuela nota su ausencia. Es patético. Lo extraño demasiado.

Posteado por Cyan a las 10:51 a. m.
 
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